Mamá y la bomba neutrónica

agosto del 2018
“Mamá y la bomba neutrónica”
¿Saben qué es la bomba neutrónica, bomba de neutrones o bomba N? Pues si no lo saben hagan una pequeña pausa, vayan a Wikipedia e infórmense……………………………..¿ya? ¿seguro? Bien, sigo entonces: cuando era pequeña mi mamá solía leerme un fragmento de un poema de un escritor soviético llamado Yevgueni Yevtushenko (si alguien encuentra el poema completo por favor, envíenmelo, no sé dónde buscarlo) No pocas veces lloré con este poema, creyendo, ilusa al fin, que no era posible tanta maldad en el mundo. Aún no logro entender cómo puede existir un arma con tal poder, de la cual no se salva nadie. La estupidez humana es lo único mayor que el universo mismo. Esta bomba sigue la (i)lógica de “si no lo tengo yo, no lo tiene nadie”. No dejemos que este “juguete” y las guerras acaben con la vida en nuestro bello planeta. Bueno, sin más, aquí el fragmento (no olviden comentar):
Nota: No les voy a mentir, está largo (lo tecleé, lo sé de primera mano), pero por favor, lean hasta el final, vale la pena. Y si no vale la pena me dejan un cometario regañándome, ¿trato? ¿por el meñique? ¡Bien! ¡A leer entonces!

“Mamá y la bomba neutrónica” (fragmento)
de: Yevgueni Yevtushenko

Mamá,
leo los diarios de hoy
a través de los niños de Leningrado transparentes de hambre
que han venido a la fiesta universal de los niños muertos.
Las manitas secas del cementerio de Piskariovo
se extienden hacia las mandarinas
que como farolitos amarillos
cuelgan del árbol de Año Nuevo,
y cuando las alcanzan,
no saben qué hacer con ellas.
Los niños de Auschwitz
con sus caritas azules contraídas
ahogándose en el gas,
le piden a Papá Noel que saque del árbol
un globo de vidrio
que contenga
aunque sea un poquito de oxígeno.
Los bebés de Songmi
arrancados del vientre de su madre
antes de que nacieran
se acercan gateando
al sollozante lobo feroz.
Caperucita Roja
intenta pegar los pedacitos
de los niños de Belfast y Beirut
destrozados por las bombas.
Los niños salvadoreños aplastados por un tanque punitivo
se apartan horrorizados
de uno de juguete.
Alrededor del árbol de Año Nuevo
gira la infinita ronda universal
de niños muertos.
Pero si estalla la bomba neutrónica
no habrá más niños:
quedarán solo los jardines de infancia,
donde rugirán los osos de juguete,
rasgando con garras de plástico
sus pechos de felpa
hasta hacerse aserrín
y barritarán los elefantes de aire
su alarma tardía…
Gracias, Samuel Cohen
y demás humanistas,
por su nuevo “juguete norteamericano”:
no por aquel con el que juegan los niños
sino por aquel que juega por los niños,
hasta hacerlos desaparecer…
Por Disneylandia,
en la que ahora
nadie
romperá nada,
por las muñecas,
a las que nadie cortará cruelmente las trencitas,
por los vidrios de las ventanas
que nadie ya quebrará
de un pelotazo descortés,
por los caballitos del tiovivo
que eternamente desocupados
galoparán rechinando por el vacío universal,
por las mediecitas infantiles
puestas cuidadosamente a secar
y que ya nadie desgarrará
al esconderse entre los espinos…
Empezará el último juego universal a las escondidas.
No habrá niños.
Adultos tampoco.
En las calles intactas
quedarán relojes intactos,
con las pulseras y correas abrochadas,
conservando aún la forma
de las muñecas desaparecidas,
alianzas desprendidas de los dedos,
aretes de turquesas y de otras piedras
caídos de las orejas femeninas
y solo guantes intactos y vacíos seguirán
apretando los volantes intactos de coches intactos.
Mamá tampoco estará.
Quedará solo el quiosco
en el que un viento atómico hojeará
publicaciones enmohecidas convertidas en antigüedades:
el semanario Fútbol – hockey
las revistas Norteamérica y La Salud…
Mamá casi nunca opina de política,
pero cierta vez dijo
al volver del almacén de empapelados
ubicado en el bulevar Zviozdni,
donde sin querer le arrancaron varios botones,
cuando “sacaron empapelados de la RDA:
“Dios mío,
qué hace con la gente la avidez por las cosas.
Esa es, seguramente, la causa
de que inventaran la bomba neutrónica…”
me imaginé los millones de almacenes del mundo
abarrotados de empapelados,
de abrigos de visón,
de brillantes,
de botas italianas,
de tocadiscos japoneses,
de cerveza danesa en latas,
donde habrá de todo,
pero desaparecerá una sola cosa:
el comprador.
Las almohadas empezarán a robar
cráneos de neandertales de los museos.
Las camisas
se vestirán solas
en las estatuas y esqueletos.
Los cochesitos de niños
mecerán los fetor conservados en alcohol
de los institutos de medicina.
Las hojitas de afeitar
querrán degollarse
de soledad.
Las corbatas se ahorcarán en masa
de los árboles.
Los libros se autoincinerarán
extrañando los ojos y los dedos.
Las cosas, tal vez, se adapten.
Serán ellas las que irán de compras
y, seguramente, armarán una gresca universal
cuando corra el rumor no confirmado
de que en algún almacén de los suburbios
“han sacado” hombres.
Entre las cosas habrá sin falta luchas políticas
y tal vez, alguna nevera maniática
inventará una nueva bomba neutrónica,
que destruirá solo las cosas
y dejará intactos
a los hombres…
Pero, ¿qué quedará
si ya no quedarán hombres?
¡El que levante la espada atómica
por ella morirá!

 

 

1 comentario

    • Leztat en 4 septiembre, 2018 a las 4:36 pm
    • Responder

    Genial poema…triste y genial…pero la pura verdad, la estupidez humana no puede ser comparada con nada…tanta muerte y desolacion, solo por poder….Todo se alcanza con hermandad…no con guerras…..Pero el poder es asi, corrompe,corroe, destruye……

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